jueves, septiembre 29, 2005

Nosotros, los prescindibles

El mal sabor no se quita. Cada vez que hablo por teléfono el tema sale a flote. Cada vez que en la tarde quiero escuchar la música que más que música es el soundtrack de mi vida, que apago el televisor y pongo un disco a las 10 de la noche. Y pasan los días y nada pasa, como siempre. Ahora el tema es cómo abordamos las cosas. Y mientras tanto, nos privamos de uno de los mejores programas de radio y TV y de uno de los más convincentes defensores de este gobierno. Y dejamos, lo repito, el nefasto precedente (no el único, lamentablemente) de arrollar y dejar en la cuneta a quien va por nuestro mismo camino, en la misma dirección pero en el camino de alguien con un carro más grande.
Pasa el tiempo, y no nos están haciendo ningún caso, nos estigmatizan y nos dan unas excusas bobas, que aquí no se ha censurado a nadie, que tal y pascual... que sólo se le ha pedido que cambie de actitud... ¡Qué riñones! ¿Por que no se lo dijeron cuando eran los días difíciles? Ni en CMT tuvo esos problemas. Si me preguntan si Walter Martínez merecía el trato que está recibiendo, yo al menos contestaría sin dudarlo un segundo que no, y es de esperar que una mayoría piense lo mismo, incluso de no militantes. Y la pregunta inversa, entonces, ¿Este Gobierno se merece a Walter? Parece un asunto de equilibrio, de correspondencia. La pregunta queda. Y sigue, ¿Y no se trata de sentir al otro como a uno mismo? ¿No se trata de justicia? Entonces, ¿nos merecemos que se ignore nuestra opinión? Hemos estado tanto tiempo ciegos que un rayo de luz nos encandila y no vemos nada. No es de agradecer que un gobierno haga lo que tiene que hacer, tiene que hacerlo bien. Y esto no está bien, y deja al descubierto un gran "mono" que, como siempre, es esa gran brecha que se abre: gobernantes y gobernados, y el famoso "hago esto por tu bien". Yo digo que menos mal que mi hijo está demasiado pequeño para entender, porque son esas pequeñas cosas que conforman el tejido de lo cotidiano, si me hubiera preguntado "¿qué pasó con el señor del parche que veías siempre? ¿por qué ya no está?" o "ese que ponía música como la del abuelo"... ¿cómo le explicaría yo que esas cosas pasan, que "cuando crezca lo entenderá"?... Pues hermanos, yo no entiendo nada. Y pasa el tiempo y escucho las mismas repetidas cosas, y sé que ha pasado esto con mucha otra gente que era "invisible", y pienso, como cuando el Presidente estaba preso, en lo injusto de las acciones humanas y cómo estará esa persona con el dolor de haber sido tratado tan injustamente y verse apartado de su obra (digo esta palabra para significar lo que haces en lo que pones todo). Ahora me dicen que él, Walter es prescindible, es decir, otra casta, parece que hay los prescindibles (es decir, nos, los mismos de siempre, abajo firmantes, etc.) y los que no son. Tampoco entiendo. Parece ser que si somos individuos no somos importantes, cuando somos masa es que significamos. Pues veremos en qué cantidad empezamos a importar.
A mi no me gusta este asunto, ni lo que deja entrever, o mejor dicho, deja abiertamente en evidencia que al abrigo de la polarización y del conflicto crecen como hongos camarillas, rencores, vendettas y otros mohos sobre los cuales no tenemos poder alguno, porque somos acallados y tratados como enemigos solapados o abiertos. Yo sí soy enemigo de lo que considero injusto, venga de donde venga, porque qué clase de doble discurso es que si lo hacen unos está mal, pero si lo hacemos "nosotros", está bien porque somos los buenos y hay que cerrar filas. Zape. Justificar lo injustificable, aquello que decía bien Walter, las "bajas colaterales", eufemismo por decir víctimas, los que se quedan en el camino cuando baja la presión, se hacen prescindibles. Y yo sé, como ustedes, los pocos que hayan tenido el valor de leer estas líneas, que la presión va a volver a subir, por razones externas, internas o ambas, y entonces ¿con quienes vamos a contar? ¿Con un montón de desmoralizados atropellados por pandillajes y pequeñeces o con los inmorales que las promovieron? ¿Y los que las permitimos? O asumimos que si Walter es prescindible, ¿qué queda para mí, para quién demonios es todo este esfuerzo entonces, para los pocos imprescindibles, los Illuminati? ¿Para mis hijos si estamos sembrando rastrojos?¿No suena esto familiar? Provoca ponerse a cantar "Cambalache", el tango de Discépolo, pero insolente no pega con veintiuno.
A Walter no sólo se le ha descalificado su trabajo, se lo ha atacado personal y moralmente, juzgado su patriotismo, su personalidad, etc., de una manera repugnante, que me asquea profundamente. Esta mañana salió un representante del ejecutivo (la frase sola es fea) diciendo algo así como "pero si no hemos hecho naaadaaa...." en un programa. Nadita. Sólo crear esta especie de ratón sin pea (discúlpenme) y salpicar hasta al Presidente. Y a ver cómo nos sacamos ese ratón. Lo que hacía Walter en TV era mas que un programa, era una misión, y no debe ser nada agradable que algo que él abordó de ese modo sea tratado de esa manera, ni para él ni para mí. Y para los que no entienden lo que para algunos de nosotros significa la figura del señor Martínez y militan en las filas del chavismo, les pido que recuerden que por un lado, siempre hemos defendido la diversidad y a quienes luchan por lo que consideramos justo, como nosotros mismos hemos defendido ya no ante una pantalla sino en nuestros pequeños círculos a veces ampliados por los medios electrónicos las reivindicaciones del proyecto chavista, pero ¿también a nosotros nos llegará el sábado? O ya, porque ya nos están diciendo de todo. En cualquier caso es evidente que el programa llegaba a un público grande y su mensaje era sólido, y sobre todo, les vuelvo a preguntar: ¿están seguros de que se merece este trato? ¿O nosotros por decir que se está incurriendo en un error y se comete una grave injusticia? Recuerdo que hace años en un programa televisado que se llamaba "El ascenso del hombre", escrito y conducido por un viejito judío llamado Jacob Bronowski, se metía en la charca en donde están tiradas las cenizas de millones de judíos en Auschwitz (parte de su familia también) y con el agua a los tobillos se agachaba y recogía el cieno en sus manos y decía a la cámara: "Por estas cenizas, piensen siempre en la posibilidad de estar equivocados".
Christian van der Dys
Otro prescindible

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