El asunto pasó, se “olvidó”, el show debe continuar, la “fiesta” terminó, pero yo sigo enratonado. Lo que escribí para Aporrea en principio fue publicado sin siquiera esperarlo, pero después de la famosa llamada a La Hojilla, nada de lo que he enviado ha sido publicado. Creo que definitivamente quedé en el bando de los contras, según muchos.
Ya esto no lo enviaré a ningún lado, simplemente lo pondré en mi “blog”, ese moderno escape de meter un manuscrito en una “botella” y lanzarlo al mar de electrones y poder así sacarse las cosas de dentro. Porque yo tengo la necesidad y el deber de insistir en que la alfombra no es lo suficientemente gruesa para tapar el sucio, que por más que se nos trate de distraer, se nota el bulto, Y seguirá allí, como en las series policíacas de moda, mientras todos tratan de hacerse los locos ante lo evidente: que en principio VTV dio una mala señal con Walter, que esa mala señal fue amplificada por el Ministro de Comunicación y luego llevada a niveles de explosión de Krakatoa por el Presidente en persona.
Me siento absolutamente decepcionado no sólo por esta nefasta llamada, sobre la cual ya me he extendido en anteriores ocasiones, sino por la persistencia en la actitud soberbia de que “se puso cómico”, tan lamentable viniendo de quien sea , injustificable, vieniendo de el Presidente, o “bueno, Walter se lo buscó, y todos los que los defienden son unos antichavistas”... y así. Sobre la primera parte de la afirmación es posible, ya que sobresalir en esa uniforme masa boba en que se está convirtiendo VTV y que parece querer extenderse a todas las áreas es como la masa sobrante en el molde de la galleta, simplemente se desecha. Porque lo importante no es el contenido, sino la forma... Yo creo que la señora Eckhout o como se escriba (tiene la desgracia de tener un apellido enredado y holandés como el mío) es otra víctima de este naufragio, porque por una parte no quedó nada bien parada, y la ayuda que le dio el Presidente la dejó peor, y más aún, el Presidente se bajó de su carro para meterse en el barro donde estaba atascado VTV y ni lo sacó de allí ni las manchas se quitan aún. Al menos no para mí. Pienso en todas las historias de gente con verdadera vocación para servir (no para el poder ,es verdad) que han salido de la administración pública por no ponerse al servicio de la máquina. Y entonces los que salen rotos de la máquina de enderezar quebrados (un chiste muy viejo) salen rotos a ese limbo, ni cielo ni infierno que es “Ese es chavista pero lo sacaron por pendejo” o cualquier cosa por el estilo. No, señor Presidente, se equivocó con la llamada, y se equivocará todas las veces que pretenda que nos debemos conformar con lo que usted diga, porque usted lo dice. Eso está bien para los soldaditos, la tropa, sus ministros, y los inevitables jalabolas, pero no para mí, que tengo algo en el extremo superior de la médula espinal. No me gusta esa soberbia, ni la innecesaria extralimitación. ¿Qué tan malo era Walter? ¿Peor que Castillo? En cualquier caso, así no se resuelven las cosas, y no es la primera vez que se equivoca, y mucho me aterra que no será la última.
Señores: si el chofer se equivoca, hay que decírselo. No sólo es llegar a donde queremos, sino que por el camino no nos convirtamos en seres soberbios, fanáticos y temerosos, que obramos por lo que nos dicen o por miedo. Si es así, aunque lleguemos al lugar ideal entre las naciones del mundo, no lo disfrutaremos, no lo reconoceremos siquiera. Siempre estaremos buscando al enemigo entre nosotros, a ver quién es el más puro. Cada vez más parecidos a lo que odiamos. Mírense en el espejo de USA. No podemos imitar el klanismo. Una de las cosas que más me gusta (¿todavía?) de esta etapa (me niego a llamarla proceso y, ahora, revolución), es que estamos tan convencidos de que es el camino para el bien común, que es un paso inevitable, que admitía todo pataleo, porque el camino, inexorablemente, nos lleva a seguir haciendo cosas que lo acerquen; la alfabetización, salud, trabajo para todos, la inclusión, reconocer que este mundo está mal diseñado y que tenemos que desbaratarlo y rehacerlo... Pero ¿para qué carajo lo vamos a desbaratar si vamos a construir el mismo esquema con otro tinte? Si vamos a comportarnos como adecos reencauchados y a tramitar con los espacios de “servicio” y a decidir en petit comité el destino de la gente y de los instrumentos de comunicación “públicos” ¿Qué nos diferencia de lo que llamamos “oposición”? Creo que nosotros, como Walter, nos hemos ganado la credibilidad necesaria para poder decir cuando algo se está haciendo mal y no ser descalificados por ello. Pero, evidentemente algo no está bien, y ahora tenemos que validar actitudes soberbias, extralimitadas y completamente arbitrarias porque sí, “porque YO lo digo”. Usted no me engendró, señor Presidente, usted no es mi papá, usted está allí porque lo elegimos para realizar un trabajo que está atrasadísimo, para que sea el chofer de este tramo de un viaje urgente porque se nos muere gente en el camino, pero resulta que el viaje forma parte del destino, depende de CÓMO se hagan las cosas será el futuro. Si me empieza a poner su música a todo volumen, a atropellar a los peatones y a los pasajeros y a echarme el humo en la cara, no me quedará más remedio que darme cuenta de que no puedo ir en ese mismo autobús, y me bajaré e iré a pié hasta que usted y su combo rectifiquen su manera de hacer las cosas o tome otro autobús o me cambien el chofer, y nos devuelvan el carácter feliz y la fortaleza invencible que teníamos al saber que estábamos haciendo lo correcto, porque era el bien común sin olvidar el individuo, ya que no puede haber bien común si individualmente estamos hechos pedazos, en principio. Y hay gente en la acera, les cuento, y no todos en la de enfrente. Ahora me parece que nos estamos olvidando de la individualidad como característica primordial de los hombres, y nos estamos convirtiendo en una entelequia colectiva que, al final, no me sabe ni a agua ni a sal ni a pescado. El amor a la vida, la unicidad del individuo, valorada como tal pero respetada e inmersa en los valores de solidaridad, humanidad y progreso, de la mano del conocimiento, respeto y de la justicia es lo que yo personalmente más valoro y creo que deben ser puntos de apoyo, juntos con otros sin duda, pero fundamentales también, de la construcción de ese tan pregonado “otro mundo posible”. Pero si no hay respeto al individuo, no hay solidaridad ni con los “propios” (como si existiesen extraterrestres), el conocimiento sirve sólo si se parece a lo que yo espero que sea el universo, si la propia voz es la única que cada quien escucha, si debemos vivir en el miedo a los “desestabilizadores” (porque entonces dudamos de nosotros y de la justicia de nuestro camino y de lo necesario de nuestro trabajo, si se puede llamar así), si existe una casta de superhombres que infalibles y otra de casi personas que debemos obedecer sin chistar como si actuáramos bajo el único influjo de feromonas y tropismos, y que si no somos arrojados al limbo, entonces no puedo identificarme con este movimiento, llámenlo como o quieran llamar, Revolución, Proceso, Gobierno, Oposición, MVR, Opus Dei, Club de Leones, qué importa.
No es suficiente hacer lo necesario, hay que hacer lo justo, lo bueno, hay que buscar ese mundo donde los hijos de nuestros hijos, negros blancos o amarillos tengan las posibilidades de crecer en un mundo de amor, de respeto, de diversidad, de justicia, de paz y de todas esas palabras que nos hacen falta cuando miramos a los ojos de nuestros bebés. Lo verdaderamente retrógrado es aplicar el odio, la retaliación, la injusticia, la soberbia, la necedad y, por supuesto, la estupidez que se demuestra en cada acción como la que ha generado este volcán de electrones que vuelco con cierta frecuencia a este “éter” de nueva invención, por la inmensa frustración de ver que lo que quieres se convierte en lo que detestas, y que el gusano se transforma en otro, que la crisálida no prospera y amenaza con eclosionar en un monstruo conocido. Y lo peor es decir, bueno, pero se están haciendo cosas importantes... sí señores, pero hay que hacerlo con ética, con moral y respeto, porque se puede estar bien alimentado, saludable, ser muy educado, y sin embargo, ser un canalla. De nada sirve lo demás si lo que estamos creando es un mundo de saludables canallas.
El asunto no es la castración de VTV, sino la castración del pensamiento, la negación de la diversidad, el irrespeto al otro, el IRRESPETO AL COMPAÑERO DE FILAS, al profesional, a una figura pública de respeto, como indudablemente lo ha sido Walter Martínez, la manera exageradamente informal y chabacana en que el asunto fue “despachado”, más las subsecuentes metidas de pata de todos los involucrados, el sectarismo desatado, y, aparentemente, el olvido de para qué demonios es todo lo que se está haciendo.
Así que, para cualquier posible lector, no olviden de que cada camino, cada vida, es única, pensemos en la corrección de nuestros actos al respecto de lo que somos y queremos ser, independientemente de lo que se espere de nosotros, nuestra moral no puede ser circunstancial, la uniformización (¡uff! ¿será que eso existe?) del pensamiento sólo conduce a la muerte prematura de cualquier sociedad, por muy próspera que sea.
Así que yo apoyaré cualquier actividad o esfuerzo que conduzca al mejoramiento de las condiciones de nosotros los que habitamos en nuestra “contaminada y única nave espacial” y que me parezca que haga que mi hijo y sus hijos y los tuyos y todos vivan en un mundo mejor, y con esa responsabilidad y con la elemental premisa de que NADIE ES INFALIBLE (eso no es malo, sino que se pretenda serlo, por un lado, y peor, que pretendamos que lo sea) no apoyo ninguna acción irrestrictamente por venir de nadie en particular, ni descalifico por la misma razón. Hay que pensar, de verdad, en lo que conviene para todos, en lo que es correcto y defenderlo, si sacrificamos ahora, si metemos la basura debajo de la alfombra, será mucho más difícil en el futuro sacarla sin tener que quitar hasta los cimientos. Ya nos pasó. No dejemos que nos vuelva a pasar, así que, como dicen en las películas, escuchen sus conciencias, síganlas porque es lo único que nadie nos puede quitar. Me siento libre, soy libre de pensar y elegir qué cosa goza de mi apoyo y cuál no, y asumo responsablemente esa libertad. Así que, sin tapujos, a llamar a las cosas por su nombre, y al que no le guste mi canción, que cambie de canal, como yo, pero no me manden a callar, no me digan que favorezco a “los otros”, no me manipulen, que yo solo soy una pequeñita voz entre una multitud. Y el fin no justifica los medios, ni permitiremos que se atropelle lo que pretendemos defender. Al menos, sin replicar. Y aquí, desde la quietud de la sala de mi casa manifiesto mi desacuerdo, y si es una voz inaudible en el clamor universal de este planeta lleno de injusticias tan graves y bárbaras, de muerte, enfermedad, destrucción de la biosfera, etc., etc., es inmensa en mi cabeza a la hora de dormir, cosa que procedo a hacer ahora.
Christian van der Dys
Valencia, 7 de octubre de 2005
viernes, octubre 07, 2005
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