viernes, enero 19, 2007

¿Es Internet de Izquierda?

¿ES INTERNET DE IZQUIERDA?



No es una tontería, se podría argüir que depende de la posición política de sus usuarios. Sin embargo, creo que podemos decir en base a su estructura misma algunas cosas interesantes. Pero primero debemos decir qué entendemos por “izquierda”.

Podemos comenzar por una definición de Wikipedia, que por cierto es emblema del “colectivismo de internet”: “En oposición a la derecha política, la izquierda busca potenciar valores colectivos (sociales), en oposición a valoraciones netamente individuales (privados). En general, tiende a defender una sociedad laica, igualitaria e internacional.” Y de ahí, por supuesto, partiré hacia mi visión personal del asunto, con toda la carga subjetiva que ello implica, como toda opinión personal. Yo comenzaría por diferenciar lo “individual” de lo “privado”, porque me parece, como expondré más adelante, que internet promueve una “libertad individual colectiva”.

Introducción
La opción del cambio

Lo primero que puedo decir, es que si existe una opción que se pueda llamar “conservadora”, la izquierda debe ser todo lo contrario, por la sencilla razón de que no vivimos en el mejor de los mundos posibles, por lo que aferrarse a él sería notablemente estúpido, y si queremos conservarlo porque  vivimos bien en él, sería notablemente egoísta, dada la inmensa cantidad de gente que no vive en absoluto (mueren al nacer o durante la infancia ) o viven una vida condenada por las privaciones, lo que hace que, a la larga, este modelo sea igualmente insostenible, socialmente, y físicamente, al agotarse los recursos que sustentan esta manera de vivir y la capacidad del planeta para soportarla.
El mundo, gracias a la acción e inacción de los humanos que lo habitamos, acaba de pasar el año más caliente registrado, los mares y ríos están cada vez más intoxicados, al igual que los suelos, los polos se reducen, el agujero de la capa de ozono se agranda, el agua potable escasea, una gran mayoría de la población sobrevive como esclava mientras una minoría despilfarra los recursos naturales que están agotándose, etc. Yo creo que este cuadro no deja alternativa en cuanto a que este modelo de mundo que habitamos y “perpetuamos” en este momento no es ya posible de sostener, ni económica ni social, ni política ni ambientalmente, de modo que la única discusión posible es acerca de cuál es el cambio que debemos tomar. Siempre me extraña la actitud de los que se llaman de derecha o conservadores cuando no entienden por qué la gente vota por la izquierda, como si todo lo antes mencionado no constituyeran razones para creer que otro pensamiento y acciones son necesarias y más aún, inevitables si queremos seguir existiendo como especie y sociedad en armonía con nuestros semejantes y el planeta. Calificar a cualquier gobierno o idea política que proponga caminos para este objetivo como “populista” y a sus seguidores como “tarifados” o “pobres de m...” o “cholos” o “desdentados”, etc., no sólo es un juicio bastante superficial, sino que ignora las profundas causas de la inquietud y malestares de millones de seres, y pretende quitarle legitimidad a la gente como colectivo y las personas en lo individual en sus decisiones sobre el mundo en el cual desean vivir, justificando un mundo de injusticia, supremacista, elitesco y suicida.


Una revolución

Si definimos esta palabra como un cambio rápido y radical en nuestra manera de vivir, es lo que las tecnologías de la comunicación e información han efectuado en nosotros, y la de internet muy particularmente. Quizá los muy jóvenes no les parezca tanto porque han vivido “toda la vida” con ella, pero para los mayores ha significado un cambio radical. Ya no necesitamos salir de casa para pagar, o hacer costosas llamadas intenacionales para comunicarnos con las personas que viven lejos, o comprar el periódico para leerlo, por citar banalidades. Pero lo más importante, es que ahora no necesitamos comprar el periódico (me refiero a ser propietarios del medio) para publicar. Ni siquiera haber estudiado periodismo. No hay prerrequisitos. Esta, creo yo, es la mayor revolución en la difusión de la información desde Gutenberg. Si bien toda revolución trae sus peligros, no es el objeto de este pequeño artículo tratar este asunto sino el de cómo la “naturaleza” de intenet tiene una filosofía política, si me permiten.

Por supuesto, cuando digo que se pone al alcance de cualquiera, no estoy olvidando el hecho de que es una minoría, aunque una minoría creciente la que tiene acceso a esta tecnología, tanto por educación, como por la tecnología en sí misma que no existe en muchas regiones del planeta como por su costo que la hace inalcanzable para muchos. Sin embargo, aún así representa una notable mejoría sobre el estado anterior de cosas, en las que sólo un pequeño grupo de seres humanos decidía qué información recibía otra minoría mayor de gente que podía leer y comprar periódicos o ver la tele o el cable o la radio. Y este proceso está en marcha, porque apenas hace tres años no existía esta posibilidad a menos que compraras una página web y la mantuvieras, lo que era caro y exigía tiempo,  trabajo, capital y conocimientos. Recuerdo que en 1996 estando fuera de mi país, leía la prensa local venezolana en internet, casi de igual manera que si la comprara en el quiosco de la esquina de mi casa en Caracas. Era el mismo diario, pero digitalizado, cero intervención de los usuarios. Evidentemente, desde entonces la situación ha cambiado notablemente, la cifra de blogs o webs creadas por usuarios es tan asombrosa que me es imposible recordarla, y los diarios y las páginas de información en general cada vez dan más participación a los usuarios en la generación de contenidos, en lo que se ha llamado web social, web 2.0 o como se quiera. De este modo, asistimos a varios fenómenos ocurriendo a la vez, pero me gustaría referirme de pasada a que es la expresión colectiva más individual que he visto nunca (o al revés, si prefieren). Cada página es única como su creador y sus participantes, y a la vez hay millones de ellas, sobre los temas más variados. Al crearse programas cada vez más manejables para el usuario, éste adquiere mayor libertad para expresarse: fotos, videos, animaciones, música compuesta o remezclada, los más tradicionales cuentos o diarios personales o “bitácoras”... en fin, es imposible referir la variedad de la internet actual en pocas líneas, pero es evidente la “voluntad individual de expresarse”. A nadie lo obligan a crear un blog o una página, o a escribir un artículo, lo hacemos porque esa necesidad de expresarnos, de interrelacionarnos y de intervenir en nuestro entorno, de comunicarnos, está en nosotros, y hay una herramienta adecuada para hacerlo. Internet no es más que una extensión (inmensa, por cierto) de nuestra mente y capacidad de comunicarnos. Es interesante preguntarse qué hacíamos antes. Yo escribía un periódico en mi liceo (hablo de hace 20 años) que escribía, publicaba y editaba por cuenta propia en “offset”, era carísimo y trabajoso, por lo que saqué un par de números solamente, quizá tres. Después, se me invitó a intervenir en el periódico “oficial” que financiaba el liceo, o al menos ponía la imprenta, que usaba algo dinosáurico que se llamaba “stencil”, que era igualmente caro y trabajoso. Pero lo peor no era eso, sino que ya era un “comité”: un director, un redactor y otras instancias que decidían qué era publicable y qué no. Creo que sólo asistí a la primera reunión. Y luego, pues nada: cuadernos guardados por doquier y hojas sueltas, algunos “reels” (cintas magnetofónicas) o cassettes y luego los videos. Pero todo para mí mismo, claro por que ¿dónde o quién va a querer publicar las pavadas que uno escribe? Entonces llegó internet.
Si bien hay mucho “ruido”, podríamos decir que el 99% de lo que existe en la red es porquería; pornografía, porrazos, contenidos comerciales banales, spam, etc., el 1% restante, ese que refleja el talento y la voluntad individual de expresarse, vale por todo. Y es lo que he intentado reflejar en Gratificados.com, a la vez que alentar la intervención de los usuarios en la creación y definición de los contenidos.

El acceso al conocimiento

Por otro lado, la gente de manera independiente, de la mano de los webmasters, programadores y demás personas han decidido que eso que denominan las corporaciones “derecho de autor” debe ser modificado y convertirse en derechos colectivos, sobre todo en una sociedad donde el poder se ejerce mediante monopolios de conocimiento (léase tecnología, ciencia, patentes, licencias, educación en general, etc.). Ya me he referido a este asunto antes (ver “El día que paralizarán la Tierra está a la Vista”). Los sistemas de intercambio de archivos han hecho más por popularizar la música, el cine, el uso de programas y en general, han acercado más a la cultura, el conocimiento y la tecnología que decenas de universidades, periódicos, salas de concierto, bibliotecas, museos y cines. Es parte de la patología corporativa criminalizar esta actividad: si no sabes qué es Bach, te dicen ignorante, si no lo puedes comprar, te dicen pobre ignorante, y si lo “bajas” eres un pirata o un criminal. Muy coherente.
Ahora en internet existe un cúmulo de información, mucha de ella inútil, como ya he dicho, pero mucha de ella imprescindible para la formación de un individuo con lo que consideraríamos “equipo cultural mínimo” para integrarse a la sociedad actual: libros, programas, música, juegos, noticias, películas, enciclopedias, documentales y un exagerado etcétera, y la mayoría ahí, al alcance del que pueda buscarlo y bajarlo. Por ello es que es asunto de principalísima importancia que por un lado la educación sea cada vez más universal, para que pueda serlo el acceso a esta tecnología, que puede ayudar tanto en la “liberación” de un individuo a través del conocimiento. Cada vez más bibliotecas e instituciones digitalizan más contenidos para ponerlos al alcance de más gente, mayormente de manera gratuita. La gratuidad de la información es una asignatura pendiente para todos, ya que es imprescindible para garantizar igualdad en el acceso a la información, que en este caso es igual a educación. Y, reitero, el acceso a esta tecnología debe ser universal, si queremos un mundo justo. Debe proporcionarse un acceso universal al conocimiento, todo debe ser puesto a disposición de la humanidad, la que debe tener acceso universal a la educación y la tecnología. Increíblemente, este parece ser el camino que está tomando internet, y lo más asombroso es que es independientemente de corporaciones o gobiernos. La gente no esperó a saber si escanear “La divina comedia” o ripear un CD de Beethoven o The Clash, o un DVD de Buster Keaton o Coppola era legal o no, o una copia de Office. Ni siquiera lo hicieron, al menos en su inmensa mayoría, recibir un beneficio económico de ello. Simplemente lo hicieron, sin comités y sin asambleas. Ahora de mano de las corporaciones y organizaciones de comercio, pretenden crear reglas que protejan a las corporaciones, no a la gente. Quieren volver el pollito al huevo, pero es un poco tarde, espero. Hay que darse cuenta de que por fin la gente, individualmente, se expresa en colectivo y manifiesta su voluntad de compartir el conocimiento. Porque está en nosotros compartir, comunicarnos, expresarnos. Enseñar a otros lo que hemos aprendido es parte de nuestro programa de supervivencia humano y cultural. Los campos vedados, los cofres debajo de las camas, los inventaron las corporaciones y grupos de interés. Los piratas son los que escondían los tesoros, no los que los compartían. Las corporaciones quieren pintarnos el mundo al revés. Los piratas son ellos, que toman lo que quieren donde lo encuentran (saber, recursos naturales, productos, mano de obra barata, etc.) dando lo menos posible a cambio, y luego esconden para sí los beneficios. Los piratas son ellos, no nosotros.
El asunto es que, en cualquier caso, esta visión del mundo basada en monopolios del conocimiento quedó obsoleta, porque la gente, que está predominando sobre las corporaciones gracias a internet, decidió que no se tragaba más ese sistema. Suena muy a izquierda, creo.


“Libre mercado”

Sobre las corporaciones y el llamado “libre mercado” me permitiré agregar un par de cosas. Eso que llaman libre mercado, que se expresa tan claramente en la Bolsa de Valores de Wall Street, hace que suban los valores de las acciones porque el planeta tuvo un invierno tan cálido que no subió el precio del petróleo. Y todos los accionistas, dueños de corporaciones y jugadores de dividendos (léase corredores de bolsa) se felicitaron. Es como alegrarse por recibir la noticia de que tienes una enfermedad terminal tú y toda tu familia, pero que vas a tener una última cena. Al “libre mercado” le importa un comino el planeta, sólo beneficios inmediatos, no importa si a mediano plazo nosotros, nuestros hijos y todo lo que conocemos dejamos de existir. Es un Baal que exige el sacrificio del futuro por un presente de injusticia, despilafarro y rapiña.  Además, el libre mercado es, como diría Bierce, “aquél que yo controlo”, según las corporaciones o la Organización Mundial de Comercio. El libre mercado ni es libre, ni es mercado, es el derecho de las corporaciones a depredar al planeta y su gente libremente. Por eso miro feo a todo aquél que dice que algo debe dejarse al “libre mercado”. Me pregunto si deja el futuro de sus hijos o el suyo propio al libre mercado cuando dice eso, si espera que el mercado de trabajo o algún otro decidan si él sirve o no. El libre mercado es el que compra un kilo de café en Colombia a centavos de peso y lo vende en euros, el petróleo a 9 dólares el barril y lo vende en productos terminados a lo que sea, el que contrata obreros, mujeres y niños a precio de esclavos y trabajan para manufacturar artículos de “marca” que son vendidos en otra parte donde puedan ser comprados por su alto precio, y el que construye muros donde son apaleados los que desean pasar de un “mundo” a otro. A veces en verdad pasan al otro mundo.
Un mundo explotado, injusto, contaminado y en permanente guerra y conflicto: es ese el mundo que nos ha regalado el “libre mercado”.
Por ello las corporaciones y su “libre mercado” no deben controlar nada, mucho menos internet, que es un bien común de la humanidad, ni ningún otro bien o recurso.

Los “Tubos” y el “desentubamiento”: “Power to the people”

Yo llamo a las instancias de poder “tubos”: partidos políticos, gobiernos, medios de comunicación privados, corporaciones, iglesias o curias religiosas, asambleas, etc., son molinos por los que corre la voluntad de la gente, y es “domesticada”, “entubada” para beneficio de ellos. Internet ha permitido “rodear” esos “tubos” y crear canales independientes, como el fluir del agua por un campo. Si eso no suena a izquierda, no sé qué lo será. A veces ni siquiera nos importa si lo que escribimos va a ser leído o no, pero claro, nos encanta tener la posibilidad de que nos lean, en cualquier parte del mundo, y que sea el posible lector el que se forme un juicio sobre nosotros y nuestras opiniones, porque nuestra voluntad de expresarnos, de crear, es más grande que la vanidad de ser leídos (aunque no digo que ésta sea poca, pero la otra es mayor). Antes simplemente esta posibilidad no existía.

El “desentubar” la información y la comunicación es de fundamental importancia en una sociedad en la que los centros de poder han usado el control sobre los medios de información para “vendernos valores”, que no son otra cosa sino los intereses de estos grupos de poder. Nos venden que nuestros valores son supremos y que “el otro” no tiene valores, entonces nos venden una guerra; nos venden que cada quien puede forjarse su destino caminando sobre las cabezas de los demás, y nos venden el “american dream” (que es la pesadilla de la mayoría de la humanidad); o nos venden que más fábricas, más pesca, más carros, más cemento, y más consumo constituyen el “progreso”; y nos venden la condenación de nuestro planeta, etc. Que podamos saber la opinión de otros que no representen intereses corporativos es muy revolucionario. Serán otros intereses, esta vez los del individuo en relación a su sociedad o grupo, pero al menos no corporativos o gubernamentales. Antes algún miembro de la familia ponía en tela de juicio tales o cuales valores comúnmente aceptados, gente que veíamos medio de vez en cuando, o nos caía en las manos alguno de aquéllos libros que nos daban como un mazazo en la cabeza, haciéndonos cuestionar nuestro entorno y manera de vivir. Pero entonces volvíamos al “mundo real”, visto a través de la TV y los diarios, que nos “aclaraban la cabeza” acerca de qué es lo bueno y lo malo, lo que era deseable y lo que no y todo volvía a lo mismo. Ahora podemos intercambiar ideas, expresarlas, tener infinidad de fuentes algunas no interesadas sobre determinado asunto, poder juzgar, evaluar y si lo deseamos, como yo hago en este momento, lanzar nuestros propios conceptos y opiniones al torbellino. Es fascinante. Por fin nos  estamos liberando de los tubos, de la información entubada, que encubre intereses y prejuicios. Eso es de izquierda, según el concepto que vimos al principio: “laico, igualitario y social”.

Existen los peligros de siempre, es interesante ver cómo nuevos “medios alternativos” se convierten en nuevos “tubos”, como decía Russell, los hoy revolucionarios serán los hacedores de nuevas ortodoxias. Localmente tenemos www.aporrea.org, que de ser alternativo ahora publica sólo lo que les parece “revolucionario”. No digo que esté mal o que no tengan derecho a hacerlo, pero el acallamiento de lo que ellos consideran disidencia no les hace un favor principalmente a ellos mismos. Revolucionario es lo que sucede, que la gente, individualmente, tenga derecho a expresarse y lo ejerza, y pueden publicarse y editarse a sí mismos. Si no se les permite en un medio, simplemente crearán el suyo. Como yo. Aporrea y similares se están construyendo en base al mismo viejo modelo de los diarios de izquierda de los sesenta, que tenían su comité y su “dirección ideológica”, y como ellos, cumplen un papel coyuntural por lo que eventualmente desaparecerán, al menos de la manera en que fueron concebidos y funcionan hoy. Los de antes tenían el mérito de que corrían un riesgo, que les desaparecieran el periodiquito e incluso a ellos mismos. Estos ni siquiera corren el riesgo de “desentonar”.

La Diversidad y su aceptación

Otro aspecto de “izquierda” de internet es que permite una visión heterogénea, diversa de la humanidad, si bien aún está muy dominada por contenidos en inglés y específicamente estadounidenses, las páginas internacionales, regionales e individuales crecen a un ritmo pasmoso, por lo que se puede decir que hay una naturaleza no supremacista en internet, de igualdad en la diversidad, y de aceptación de nuestras diferencias, en cuanto a razas y culturas diferentes, pero humanos y semejantes.

Cada “clic” del ratón nos lleva a una página diferente, con fotos, opiniones, fotos y videos de familias de todos los colores, todos aman a sus hijos y los hijos a los padres, tiene perros o qué se yo, siempre hay más aspectos que nos son familiares que los que nos son extraños. Opiniones, visiones y sueños, todos ponen los suyos, y si son muy extraños a nosotros, pues nos permiten que los conozcamos desde el punto de vista “del otro” y que perdamos un poco el miedo a lo extraño, que tanta violencia justifica hoy.

Cierre

La frase de Coppola, en la que visualizaba un futuro donde cualquiera con una cámara podría hacer una obra de arte sin tener que ser profesional, y que eso sería un triunfo para el arte, se conjuga con la otra de Warhol, en la que todos tendremos cinco minutos de fama, porque ahora tenemos la posibilidad de publicarlas. Es decir, cada vez más gente tiene más herramientas para expresarse y para ser escuchado.

Internet es una herramienta que puede ser muy útil en este sentido, facilitar la toma de poder por los individuos colectivamente, desentubándose de gobiernos centrales, corporaciones, partidos y otros “cogollos”. Pero existe también el inmenso peligro de que, si estos grupos logran tomar el control de la red, se convierta en vez de en una herramienta liberadora, en la más peligrosa de las armas contra la libertad, coartándonos y trayendo a la realidad a ese Gran Hermano, Big Brother q     ue todo lo espía, todo lo ve, cada movimiento es seguido. Por ello la red no debe caer en ese juego de control de “guerra al terror” o cualquier otra cosa que implique supervisión, censura, cotos, élites, o lo que sea. Internet es de la gente, de sus usuarios, existe gracias a nosotros, los que la alimentamos, compartimos, creemos, formamos, construimos. No podemos permitir que nos la expropien. Es un bien común de todos. Es como en las viejas películas: “esto en las manos equivocadas....” En este caso, la única salvación es la pluralidad, la amenaza es que caiga en pocas manos, y se convierta en otra y terrible arma de dominación, injusticia y marginación. Por ello es particularmente grave que Google, cada vez más poderosa, pacte con el gobierno chino para apoyar la censura, al igual que Yahoo!, o que hagan pactos con el gobierno de EE.UU. que vulneran la privacidad de los ciudadanos de todo el mundo. Yo creo que estos esfuerzos van a fracasar, pero no podemos subestimarlos, ni la gravedad que tendría el que los gobiernos, corporaciones o cualquier grupo logre el control de la red. Hay que oponernos firmemente a cada uno de esos intentos.

Pero, por ahora, y espero que por siempre, nos pertenece a todos los usuarios y, espero que en un futuro cercano, a todos los que deseen usarla, como la comida, ropa, hogar, educación, libros, etc.

Entonces, por permitir por ahora al menos la predominancia de la gente sobre las corporaciones, por permitir la libertad de expresarse, de compartir el conocimiento, de eliminar los “tubos” y transferir a un amplio colectivo de manera individual la libertad y la responsabilidad de expresarse y publicar tu arte o ciencia, dar el poder de comunicación a las masas no sólo sin negar al individuo, sino poniéndolo de primero, sostengo que internet es revolucionaria, libertaria y de izquierda. Y es bueno que sea así, y para que se  mantenga así, se debe masificar su acceso, educar sobre su uso, impedir que la dominen corporaciones o gobiernos, y que cada vez más los individuos colectivamente seamos los dueños de este patrimonio cultural de la humanidad (vaya si lo es) donde está una magnifica herramienta para difundir el conocimiento con justicia y garantizar la libertad individual a expresarse y comunicarse, y aprender a reconocernos como semejantes en nuestra diversidad.


Christian van der Dys
www.gratificados.com

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